Es un modesto pez de apariencia prehistórica que navega por nuestras aguas. No muerde el anzuelo.
12.25.2010
12.24.2010
Deseo de estrellas
La luna es un cristal esmerilado bordeado por un delgado párpado de plata. Un ojo de cíclope lejano que mira hacia la tierra. En el campo nocturno, como semillas plateadas que nunca germinaran, yacen las estrellas sembradas . Hace siglos que están allí, guardando distancia entre sí, lejos, conservando las constelaciones ya catalogadas. Ninguna confusión cabe en la ordenada sucesión de fases, ningún contacto entorpece la lenta trayectoria estipulada.
El campo terrestre, de noche, también tiene luminarias: luciérnagas que flotan en el aire, ojos brillantes que entre malezas se arrastran, la fosforescencia de alguna antigua tumba, la espuma incandescente del mar, brillantes peces, luminosas algas. También ellas titilan. Están, se van, cambian de rumbo, se chocan entre sí, atropellan, matan, se abrazan, se lastiman, se lamen, se fecundan. Frágil equilibrio. Todo ocurrirá quién sabe cómo, cuándo y en qué orden. La tierra y su mar atrapan. Por eso, cuando toda caricia me duela, me esconderé del mar y de la tierra. Ese día, mientras agonizo, miraré solamente las estrellas. Quizá el cielo me regale todavía, algún cometa.
Bilingüe
Come si fa a sognare ancora?
Come si fa a sapere se ancora tutto può splendere?
Come si mangia questo dolore tenebroso?
Questa malinconica angoscia di chi vuole ritrovare il tiepido di una carezza,
che forse non c'è mai stata?
Come si fa ad accettare nella solitudine della paura -che nulla vuol rischiare-
l'arrivo dello sconosciuto?
Come si fa a pregare un uomo in maniera così tanto silenziosa,
che la preghiera cada nel suo petto come un grido acutissimo, impossibile da ignorare?
Ti chiedo.
¿Cómo se hace para soñar todavía?
¿Cómo se hace para saber si todavía todo puede brillar?
¿Cómo se come este dolor tenebroso?
¿Esta melancólica angustia de quien quiere reencontrar la tibieza de una caricia,
que quizás nunca ha existido?
¿Cómo se hace para aceptar en la soledad del miedo -que nada quiere arriesgar-
la llegada de lo desconocido?
¿Cómo se hace para rogarle a un hombre de una manera tan silenciosa,
que el ruego caiga en su pecho como un grito agudísimo, imposible de ignorar?
Te pregunto.
Come si fa a sapere se ancora tutto può splendere?
Come si mangia questo dolore tenebroso?
Questa malinconica angoscia di chi vuole ritrovare il tiepido di una carezza,
che forse non c'è mai stata?
Come si fa ad accettare nella solitudine della paura -che nulla vuol rischiare-
l'arrivo dello sconosciuto?
Come si fa a pregare un uomo in maniera così tanto silenziosa,
che la preghiera cada nel suo petto come un grido acutissimo, impossibile da ignorare?
Ti chiedo.
¿Cómo se hace para soñar todavía?
¿Cómo se hace para saber si todavía todo puede brillar?
¿Cómo se come este dolor tenebroso?
¿Esta melancólica angustia de quien quiere reencontrar la tibieza de una caricia,
que quizás nunca ha existido?
¿Cómo se hace para aceptar en la soledad del miedo -que nada quiere arriesgar-
la llegada de lo desconocido?
¿Cómo se hace para rogarle a un hombre de una manera tan silenciosa,
que el ruego caiga en su pecho como un grito agudísimo, imposible de ignorar?
Te pregunto.
Ejercicio
GERMINADOR
Jamás juré que juntos jugaríamos.
Juzgué que el juego giraba vertiginoso
e insistí con que jugáramos en espiral,
saliendo del sórdido asedio
a la sonrisa sorteadora de sarcasmos,
signadora de senderos;
para con pasta, pincel, pastel,
pisando perezosamente,
pintar paisajes leseos
en lenta letanía de luciérnagas y lechos
luciendo tan frescos,
como alfalfa y fresno y frágiles fugaces finas formas
en sinfonía de frutas y fondeos.
Juré que tu jardín germinaría
Justo cuando la aguja lo juzgara/a tiempo.
Jamás juré que juntos jugaríamos.
Juzgué que el juego giraba vertiginoso
e insistí con que jugáramos en espiral,
saliendo del sórdido asedio
a la sonrisa sorteadora de sarcasmos,
signadora de senderos;
para con pasta, pincel, pastel,
pisando perezosamente,
pintar paisajes leseos
en lenta letanía de luciérnagas y lechos
luciendo tan frescos,
como alfalfa y fresno y frágiles fugaces finas formas
en sinfonía de frutas y fondeos.
Juré que tu jardín germinaría
Justo cuando la aguja lo juzgara/a tiempo.
5.14.2009
LA PIOLA
Una señora gorda, sentada, con un vestido gastado, el pelo de corte masculino. La reportera le pregunta:
- ¿Así que usted los tuvo a todos acá?
- Sí, la mayor la tuve en el rancho viejo... y todos los otros acá... (silencio)
- ¿Y el más chico salió más grande que todos los otros?
- Es verdá... (silencio)
- ¿Y salían a la costa?
- Al principio no... pero cuando se criaron los más grandes, algunos sí... se pescaba...
- ¿Y usted iba?
- Yo al mar no salía, iba hasta la costa...
- ¿Qué encontraba? ¿Iba a buscar algo?
- Y sí... Todo venía bien... madera, cabos... hasta yerba encontramo una vez...
- ¿Yerba?
- Sí, en barricas salía... a veces hallábamos cajas con cosas... Ah, sí.
- ¿Y tiene alguna otra anécdota, de esas del mar?
- No.
- Pero, ¿se acuerda? Ud. me contó a mí que habían encontrado un muerto.
- Sí, es verdá. (silencio)
- ¿Lo revisaron?
- Ah, sí... pero no tenía nada.
- ¿Y qué le habría pasado a ese hombre?
- No sé.
- ¿Se acuerda de cómo estaba?
- Hinchado.
- ¿Así que habría muerto hacía mucho?
- Capaz... taba comido.
- ¿Cómo comido?
- Sí, los ojos (silencio) Taba atado y no tenía los pies ni las manos. Lo encontró el Tordo, que vivía requecheando cosas.
- Ah, ¿sí?
- Ah, taba contento el Tordo: la piola estaba sanita.
- ¿Así que usted los tuvo a todos acá?
- Sí, la mayor la tuve en el rancho viejo... y todos los otros acá... (silencio)
- ¿Y el más chico salió más grande que todos los otros?
- Es verdá... (silencio)
- ¿Y salían a la costa?
- Al principio no... pero cuando se criaron los más grandes, algunos sí... se pescaba...
- ¿Y usted iba?
- Yo al mar no salía, iba hasta la costa...
- ¿Qué encontraba? ¿Iba a buscar algo?
- Y sí... Todo venía bien... madera, cabos... hasta yerba encontramo una vez...
- ¿Yerba?
- Sí, en barricas salía... a veces hallábamos cajas con cosas... Ah, sí.
- ¿Y tiene alguna otra anécdota, de esas del mar?
- No.
- Pero, ¿se acuerda? Ud. me contó a mí que habían encontrado un muerto.
- Sí, es verdá. (silencio)
- ¿Lo revisaron?
- Ah, sí... pero no tenía nada.
- ¿Y qué le habría pasado a ese hombre?
- No sé.
- ¿Se acuerda de cómo estaba?
- Hinchado.
- ¿Así que habría muerto hacía mucho?
- Capaz... taba comido.
- ¿Cómo comido?
- Sí, los ojos (silencio) Taba atado y no tenía los pies ni las manos. Lo encontró el Tordo, que vivía requecheando cosas.
- Ah, ¿sí?
- Ah, taba contento el Tordo: la piola estaba sanita.
Etiquetas:
obra en un acto (en reiteración real),
Textos
4.26.2009
MENCIÓN DE CONCURSO DE MINICUENTOS ANCEL
RESCATES
A LAS ALMAS QUE NAUFRAGAN
LAS BUSCAN
LOS PESCADORES,
LAS PESCAN
CON REDES SUAVES,
LAS SECAN
"PA' QUE NO LLOREN"
2.07.2009
10.27.2008
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