10.23.2013

FANTASÍA


I
Voy por la huella tersa
de la espuma:
luna tu corazón inalcanzable,
mar mi amor inagotable,
imaginando el día en que
te sumerjas a brillar en él.
Llega tu sabor imaginado
y los ojos se cierran
para recuperarte.
El recuerdo gotea imágenes robadas
y con ellas la quimera de amarte
crece,
mientras mis pies
tocando la blanca estela
buscan adivinar…
¿cómo sería el calor de tus manos?
¿cómo sería beber tu caricia?

Entonces mi cuerpo,
aterido de ausencia,
se vuelve bestia desconsolada:
imaginar no alcanza.
Sólo queda esperar
con anhelante aliento
la soñada caricia
de tu boca en mi piel.

II
Aquí estoy fatigando fantasías
para distraer este amor solitario,
asediado por pesadillas.
No puedo asomarme
al vértigo de tu ausencia,
la desolación de mis manos
que nunca sabrán
tu piel.

En las telas de mi corazón
late refugiado el rubor
de esconder
sin tregua
mi deseo de vos.
Se cubre el rostro
con esas mismas manos
heladas de lejanía
que hoy sólo sirven para llorar
las caricias muertas.

Agonizan pasiones
en mis manos absurdas.


1.29.2013

RÉQUIEM


EL NIÑO



Lo dejaron en la cuna de ausencias:

abrazos no,

susurros no,

risas no.

Es helada la cuna.

Nadie mece la cuna.

Es de rejas la cuna.

No rodean la cuna.

Es la jaula la cuna.



¡Ay del pequeño de voz grave!

Lo soltaron en el pozo sin fondo

y se abismó.

Su grito no apiadó.

Ya se hundió.

Hoy cruje en sus dientes la revancha del desprecio:

el  por qué no.



Camina a oscuras, por barrancas, sin puentes.

Camina y se lastima:

para qué me parió.



El niño quiere vengarse,

el niño arranca los cables,

devora y lucha,

comienza a odiar.

No quiere callarse,

no quiere caricias,

no quiere ser hijo,

ni hombre, ni padre.

Solamente quiere correr a estrellarse.





Corre por la vía,

topa con el tren,

lo atraviesa entero y –la cabeza gacha-

corre hasta aplastarse;

no sabe volver.



Pobre bebé ahorcado,

no pudo querer,

lo aturdieron golpes,

la lluvia lo ahogó.

Un canto se apaga, se aleja, se va.

Desierto morado mora en su lugar.

Tormentas de arena,

pastosos sonidos,

la mano reseca en una cuerda sola

tañe requiem, requiem

del niño parido.



Del niño parido queda alguna luz,

no aquella de fiesta que podría haber sido,

sino una luz parda, azotada y seca,

que a veces alumbra con intermitencias,

que apenas alienta,

que en sus manos lleva,

que su amor ofrece,

rengo, manco, enano.

Amor desnutrido:

no quiso, no supo, no pudo crecer.